El fútbol, en su dimensión más descarnada, suele regalar postales donde el pizarrón y el resultado numérico quedan completamente supeditados a la condición humana. Lo que se vivió en la sala de conferencias del «MetLife Stadium» de Nueva Jersey, apenas unos minutos después de la dolorosa caída por uno a cero ante España en la final de la Copa del Mundo 2026, trascendió los límites de una crónica deportiva tradicional. Allí, sentado frente a los micrófonos, despojado de casetes y con el alma a flor de piel, Lionel Scaloni conmovió al planeta entero al romper en llanto de forma inconsolable. En su rol de líder absoluto del grupo, el conductor de la Scaloneta asumió el costo emocional de la derrota y sembró un enorme interrogante respecto a su continuidad en el banco de la Selección Argentina una vez que expire su actual vínculo contractual en el mes de diciembre.
lloré todo lo que tenía que llorar en el vestuario con los muchachos», intentó amortiguar el estratega de Pujato al iniciar su contacto con los medios, buscando proteger la intimidad de un plantel que se vació por completo en la cancha. Sin embargo, la procesión interna por el tremendo desgaste de la competencia y la frustración de quedarse en la puerta del bicampeonato mundial terminaron por quebrar su habitual templanza. Al ser consultado sobre los pasos a seguir de cara al proceso que se avecina, el estratega Lionel Scaloni lanzó la frase que encendió todas las alarmas en el territorio nacional: «Tengo una idea de lo que quiero hacer, cumpliré el contrato y después veo. Siento la necesidad de parar la pelota y pensar, porque no sé si se puede hacer algo tan grande como esto».
Las palabras del DT calaron hondo y reactivaron el recuerdo de aquel sorpresivo amago de renuncia tras el histórico triunfo en el Maracaná hace unos años. Pero esta vez, el escenario posee una carga de melancolía definitiva: el contrato del técnico finaliza a finales de este año y, aunque las charlas de renovación con la Asociación del Fútbol Argentino para estirar el exitoso ciclo hasta el Mundial de 2030 estaban encaminadas de palabra con el presidente Claudio «Chiqui» Tapia, el propio protagonista decidió ponerle un freno de mano a la firma.
«Es justo que me pueda tomar este tiempo y pensarlo. Para seguir se necesitan un montón de cosas, sobre todo volver a resetearse, volver a formar un grupo como este que difícilmente se vuelva a formar. Y me duele, me duele en el alma. Lo siento», confesó con un hilo de voz antes de verse obligado a abandonar la sala entre lágrimas y bajo el respetuoso aplauso de los cronistas presentes.

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