agosto 26, 2026

Cannabis medicinal: cómo funcionan las ONG y los clubes que se convirtieron en puerta de entrada al sistema de salud

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Asociaciones civiles de distintas provincias acompañan a pacientes, familiares y profesionales, brindan información y articulan con equipos médicos. Hoy, Clinicann trabaja con más de 50 organizaciones y advierte sobre el rol que cumplen para acercar tratamientos, especialmente en lugares donde todavía faltan especialistas en cannabis medicinal.

Buenos Aires, Agosto de 2026 – En la Argentina, el acceso al cannabis medicinal no termina en la consulta con un médico. Alrededor de los pacientes se fue construyendo una red de asociaciones civiles, organizaciones y clubes que cumplen distintas funciones: brindan información, acompañan tratamientos, orientan a las familias y ayudan a encontrar profesionales.

Hoy las ONG vinculadas al cannabis medicinal ocupan un lugar que fue cambiando con el tiempo. Algunas tienen un perfil más educativo, otras acompañan a quienes recién comienzan un tratamiento y también están las que funcionan como espacios de contención.

El universo de estas organizaciones también incluye a los llamados clubes cannábicos. El término, sin embargo, no define necesariamente una estructura jurídica específica. «Los clubes cannábicos son organizaciones comunitarias que reúnen a personas interesadas en el cultivo y el acceso al cannabis», afirma Emiliano Montamat, director de Clinicann, la startup de telemedicina que conecta pacientes de todo el país con médicos especializados en cannabis medicinal que ya acumula cerca de 20.000 pacientes atendidos .

En la Argentina todavía existe un debate sobre su encuadre jurídico y su regulación, pero muchos surgieron a partir de una necesidad concreta: pacientes que no encontraban información, acompañamiento o acceso a tratamientos. Con el tiempo, también se convirtieron en espacios para compartir conocimientos sobre cultivo, reducción de riesgos y acompañamiento entre pares.

Entonces, ¿qué diferencia hay entre una ONG cannábica y un club? Para Montamat, en muchos casos, ninguna en términos de su naturaleza. «Club cannábico es un término coloquial para llamar a las asociaciones civiles o fundaciones que trabajan con cannabis en marco de la ley 27.350 de cannabis medicinal», explica. «Con lo cual, son diferentes términos para referirse a organizaciones sin fines de lucro que sostienen un fin social y trabajan en educación, acompañamiento, promoción de derechos o asistencia a pacientes».

El escenario actual es muy diferente al de los años previos a la Ley 27.350. Antes de su sanción, muchas de estas organizaciones ocupaban espacios que quedaban vacantes tanto en el sistema sanitario como en el acceso a información. «Fueron quienes impulsaron gran parte del debate público y acompañaron a miles de familias cuando prácticamente no había respuestas institucionales», recuerda Montamat. La implementación del REPROCANN marcó otro momento para estas entidades: muchas comenzaron a profesionalizarse, incorporaron equipos interdisciplinarios y protocolos de trabajo y fortalecieron la articulación con médicos y abogados.

Todo esto en un marco en el que la comunidad del cannabis medicinal termina siendo, para muchos, la puerta de entrada a un sistema de salud: según una encuesta de Clinicann, más del 80% de sus pacientes aseguró que el único contacto con un médico durante el último año había sido a través de la plataforma. «La gran mayoría se acercaron al sistema de salud gracias al Reprocann y a través de Clinicann», afirma Montamat.

El trabajo con los pacientes

¿Quiénes llegan a estas organizaciones? No hay un único perfil. Hay personas con dolor crónico, trastornos del sueño, ansiedad, enfermedades neurológicas, epilepsia y fibromialgia, entre otras condiciones en las que un médico puede considerar al cannabis como parte de una estrategia terapéutica. También llegan familiares que buscan orientación, pacientes que viven lejos de centros especializados o personas que simplemente necesitan entender cómo acceder a un tratamiento dentro del marco legal. «Muchas veces la primera necesidad no es conseguir cannabis, sino encontrar información seria y alguien que los oriente», plantea Montamat.

De hecho, un relevamiento realizado por Clinicann sobre 3427 historias clínicas muestra que el 75,6% de las consultas están relacionadas con dolor crónico, y que uno de cada cinco pacientes busca tratamiento por problemas de salud mental y sueño.

«Actualmente trabajamos junto a más de 50 organizaciones de distintas provincias, y aproximadamente la mitad cuentan con dirección médica de nuestro equipo», cuenta el director de Clinicann. La experiencia de la plataforma muestra que la incorporación de procesos médicos puede cambiar la calidad de la atención. «Lo que observamos es que cuando una organización incorpora procesos médicos claros, historias clínicas adecuadas y seguimiento profesional, mejora la calidad de la atención y disminuyen muchos de los problemas que históricamente afectaban a los pacientes», explica. Y marca una diferencia: «La profesionalización no reemplaza el trabajo comunitario; lo fortalece».

Ese trabajo también busca cubrir una brecha territorial. «Todavía existen muchas localidades donde no hay profesionales con experiencia en cannabis medicinal o donde los pacientes encuentran dificultades para recibir información basada en evidencia», sostiene Montamat. Las organizaciones aparecen entonces como una puerta de entrada para personas que, de otro modo, pueden tener dificultades para encontrar orientación. «Las organizaciones ayudan a reducir esa brecha, orientan a las personas y las acercan a equipos médicos capacitados», agrega. En ese sentido, funcionan como un complemento del sistema sanitario y como una vía de acceso a tratamientos con cannabis.

El desafío, para Clinicann, es que ese acompañamiento comunitario no quede separado de la atención médica. «Es indispensable», responde Montamat sobre la importancia del seguimiento profesional. El tratamiento requiere conocer los antecedentes del paciente, revisar posibles interacciones con otros medicamentos y ajustar las dosis según la evolución. «Así como nadie iniciaría un tratamiento para la hipertensión o la diabetes sin seguimiento médico, con el cannabis ocurre lo mismo», afirma. Para las organizaciones que forman parte de este ecosistema, el objetivo es que el acceso no sea el punto de llegada, sino el comienzo de un tratamiento seguro y acompañado.