El nivel de la morosidad de los créditos bancarios, y también de los no bancarios, ya es materia de análisis en el exterior.
Las tasas alcanzadas por los pagos atrasados de los créditos bancarios al sector privado ya es materia de análisis en el exterior, sobre todo, porque el impacto en la dinámica del crecimiento del consumo.
El nivel de la morosidad de los créditos bancarios, y también de los no bancarios, se ha integrado al menú de los debates domésticos, tanto de índole política como económica, sobre todo, por la inquietante dinámica de los últimos meses. Pero el tema, incluso, ha sido materia de análisis en el exterior. O sea, los economistas internacionales ya no solo se ocupan de evaluar el proceso de desinflación y el reordenamiento de la macro sino también ahora el aumento de la tasa de morosidad, algo casi no visto en la historia contemporánea reciente. De modo que ya no es solo un foco de preocupación a nivel local.
Ahora bien, cómo ven la situación desde el exterior, analistas de las principales consultoras globales y de bancos de Wall Street. En primer lugar, consideran que el reciente aumento de la tasa de morosidad refleja un problema que probablemente se agravará a corto plazo, por los elevados y crecientes costos reales del crédito, junto con un débil crecimiento de los salarios reales. Esto, señalan, seguirá frenando el crecimiento del crédito y limitando su contribución a la actividad económica, especialmente en sectores impulsados por el consumo privado. Ponderan que los bancos siguen estando bien provistos para absorber posibles pérdidas crediticias y que el costo macroeconómico potencial de los impagos es bajo debido al reducido tamaño del sector financiero en relación con la economía en general.
¿Qué más ven en el tema de la morosidad?
- Que el índice de morosidad ha ido en aumento desde principios de 2025, alcanzando su nivel más alto desde 2005, el período posterior al fin del régimen de convertibilidad. Sin embargo, las tendencias varían significativamente entre los distintos segmentos de prestatarios: el deterioro más pronunciado se ha observado en los préstamos a hogares, donde el índice de morosidad alcanzó el 12,6% de la cartera total de préstamos en mayo de 2026, un aumento de 8,3 puntos porcentuales con respecto a mayo de 2025; por el contrario, el segmento corporativo se ha mantenido relativamente estable, con un índice que aumentó al 3,5%, un incremento de 2,5 puntos porcentuales en el mismo período.
- Que, por tipo de producto, el deterioro se ha concentrado en las tarjetas de crédito y los préstamos personales, y los préstamos al consumo con garantía también muestran signos de debilitamiento. Sin embargo, los préstamos hipotecarios, que han registrado un crecimiento real anual de tres dígitos desde principios de 2025, han mantenido una tasa de morosidad relativamente estable.
- Que como era de esperar, el aumento de los préstamos morosos ha ido acompañado de un fuerte incremento en los costos del servicio de la deuda de los hogares, que ahora representan casi el 25% de los ingresos totales de los hogares.
- Que el aumento de los índices de morosidad es simplemente un síntoma de unos fundamentos de consumo deficientes. Así desde una perspectiva macroeconómica, consideran que tres factores clave ayudan a explicar el aumento sostenido de los índices de morosidad.
Uno de ellos, la eliminación por parte del Gobierno de las LEFI (letras de liquidez fiscal) que dejó a los bancos con un considerable exceso de liquidez que se redirigió rápidamente hacia los préstamos al sector privado. Tras varios años de préstamos estancados o en contracción, las instituciones financieras expandieron significativamente el crédito en un momento en que ya empezaban a surgir los primeros indicios de un aumento de los préstamos morosos.
Esta tendencia, el segundo factor, se debe, en parte, al estancamiento de los salarios reales y no al endeudamiento excesivo de los hogares. Desde que el presidente Milei asumió el cargo, los salarios reales han aumentado solo un 8,3% y se han estabilizado en torno a los niveles de 2023, manteniéndose muy por debajo de los registrados en años anteriores.
El tercer factor, fue la marcada desinflación a lo largo de 2025, sumada a las elevadas tasas de interés nominales, especialmente tras el endurecimiento monetario previo a las elecciones de mitad de mandato, impulsó las tasas de interés reales a niveles positivos y altos. El consiguiente aumento de los costos del servicio de la deuda ejerció una presión adicional sobre los prestatarios, lo que contribuyó al incremento de los préstamos morosos.
¿Qué se espera a futuro?
Con miras a lo que viene, esperan una limitada contribución del crédito al crecimiento, ¿por qué? Sobre la base del último Informe de Estabilidad Financiera del BCRA, señalan que los bancos han mantenido sólidas provisiones y colchones de capital en relación con su exposición al riesgo crediticio; las pruebas de estrés siguen indicando resiliencia sistémica, y el sector bancario se mantiene bien posicionado para absorber pérdidas crediticias adicionales. Ante este panorama, creen que la intervención del Gobierno parece improbable y citan al ministro de Economía, Luis Caputo, que declaró recientemente que el Gobierno no tiene intención de implementar medidas para reducir los préstamos morosos.
Por otro lado, estiman que el costo macroeconómico potencial de los impagos de préstamos es limitado, aproximadamente poco más de 0,5% del PIB, lo que refleja el tamaño relativamente pequeño del crédito al sector privado en Argentina (13% del PIB, en comparación con el 75% en Brasil y el 36% en México). De ahí que creen que el escenario más probable es que los bancos refinancien a los prestatarios con dificultades, lo que podría contribuir a una disminución de los índices de morosidad, ya que los préstamos refinanciados se reclasifican de préstamos morosos (pagos con más de 90 días de retraso) a préstamos al corriente de pago (pagos vigentes o con menos de 90 días de retraso).
Sin embargo, la contribución del crédito al crecimiento será limitada a corto plazo: el compromiso del Gobierno de limitar la expansión monetaria mantendrá las tasas de interés nominales elevadas; lo que, junto con una menor inflación en los próximos años, resultará en costos de endeudamiento reales persistentemente altos. Al mismo tiempo, el modesto crecimiento de los salarios reales que se prevé seguirá afectando la capacidad de pago de la deuda de los prestatarios. Es así probable que el impacto se sienta con mayor intensidad en los sectores orientados al mercado interno, donde la actividad se ha mantenido moderada y es probable que el acceso al crédito se restrinja cada vez más. Veremos.

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