De Tierra del Fuego a la provincia de Buenos Aires y Misiones, las escuelas agrotécnicas salesianas vienen consolidando un proceso sostenido de incorporación y formación de mujeres en el ámbito rural. Lo que durante décadas fue un espacio casi exclusivo de varones hoy muestra un cambio estructural: más estudiantes mujeres, más egresadas y mayor continuidad en estudios superiores vinculados al sector productivo.
En la Escuela Agrotécnica Salesiana Nuestra Señora de la Candelaria, en Río Grande, la educación técnica rural comenzó formalmente en 1946 y durante muchos años estuvo destinada exclusivamente a varones. En 1997 ingresó el primer grupo de aproximadamente 25 alumnas en una comunidad de 250 estudiantes varones. Ese momento marcó el inicio de una transformación profunda que hoy se refleja en los números y en las trayectorias profesionales.
Hoy, alrededor del 45% del alumnado son mujeres, lo que representa unas 180 estudiantes distribuidas entre primero y séptimo año. Solo en 2025 egresaron 44 estudiantes, de los cuales 24 fueron mujeres, todas con el título de Técnicas en Producción Agropecuaria.
Las alumnas participan en igualdad de condiciones en todos los sectores didáctico-productivos: ganadería bovina y ovina, producción porcina, invernadero, carpintería, electricidad, mecánica, faena y elaboración de alimentos, además de prácticas especiales como yerra, esquila e inseminación artificial. Muchas de ellas continúan luego estudios superiores en carreras como Medicina Veterinaria, Ingeniería Agronómica o Administración Agropecuaria. Otras se desempeñan en áreas productivas del gobierno provincial, en viveros municipales o en proyectos vinculados al desarrollo local.
El caso de Micaela, egresada en 2013, es uno de los ejemplos más representativos. Tras formarse en la escuela, continuó sus estudios hasta recibirse de Ingeniera Agrónoma y hoy proyecta un gran desarrollo profesional. «Lo que influyó para mí el colegio, literalmente me cambió la vida. Encontré el camino en el que quiero estar, que es trabajar en el campo», resume.
«Es un orgullo ver cómo cada vez más jóvenes eligen este camino. No es un recorrido sencillo, pero son mujeres comprometidas, capaces y preparadas para asumir los desafíos del sector productivo», asegura Carolina Asencio, docente de la Escuela Agrotécnica Salesiana Ntra. Sra. de la Candelaria de Río Grande, Tierra del Fuego.
En la provincia de Buenos Aires, la Escuela Agrotécnica Salesiana Carlos M. Casares de Del Valle incorporó alumnas en 1998, en una institución que hasta entonces contaba con internado exclusivamente masculino. El ingreso de las primeras estudiantes implicó una reorganización de espacios, dinámicas y estructuras pensadas originalmente solo para varones.
Actualmente, de un total de 263 estudiantes, 130 son mujeres, lo que representa el 49,4% de la matrícula. Las alumnas muestran una marcada preferencia por áreas como ganadería, tambo y guachera, y participan activamente en todos los entornos formativos sin distinción de género.
«Hoy podemos ver a las estudiantes compartir la práctica agropecuaria con los varones al mismo nivel, participando en todas las actividades productivas. Esa transformación del paradigma es motivo de enorme orgullo», afirma Constanza, Secretaria de la Escuela Agrotécnica Salesiana Carlos M. Casares de Del Valle.
Las egresadas obtienen el título de Técnicas en Producción Agropecuaria con orientación en Agroalimentos. La mayoría continúa estudios o se inserta laboralmente en el sector rural, con una marcada tendencia hacia carreras como Veterinaria y Agronomía. Desde la institución destacan que la educación agropecuaria favorece una rápida inserción laboral gracias a los vínculos que la escuela mantiene con empresas y actores del entramado productivo regional.
«Ver volver a aquellas jóvenes que hoy estudian o trabajan en el sector agropecuario confirma que el paradigma histórico del agro exclusivamente masculino está cambiando. La mujer ocupa un lugar fundamental en la producción y en el desarrollo económico del país», agregan desde la conducción de la institución.
Un proceso similar, aunque más reciente, se vive en el Instituto Pascual Gentilini, en Misiones, donde la coeducación comenzó en 2019. Actualmente las mujeres representan el 22% de la matrícula, con 42 alumnas. En pocos años ya se registran cinco egresadas que hoy cursan Medicina Veterinaria en la Universidad Nacional del Nordeste, y una más que finalizó la cursada y se encuentra en instancia de proyecto final.
«Durante años se creyó que el ámbito agrario era exclusivo de los varones. Hoy vemos a nuestras alumnas desempeñarse con la misma solvencia técnica, asumir responsabilidades y continuar estudios superiores. Ese es el verdadero indicador de que el cambio es real», establece Graciela Osipluk, Directora del Instituto Agrotécnico Salesiano Pascual Gentilini en San José, Misiones.
Las estudiantes participan activamente en sectores como ganadería, sinicultura y tambo, y desarrollan proyectos de Práctica Profesionalizante vinculados a búfalos, vaquillas, porcinos, cabras y aves. En varios casos han liderado iniciativas productivas dentro de la institución, demostrando capacidad técnica y gestión.
Desde la conducción de los establecimientos destacan que la incorporación de mujeres no solo amplió la matrícula, sino que fortaleció el proyecto educativo y consolidó un cambio cultural sostenido en el tiempo.
De Río Grande a Del Valle y Misiones, el crecimiento de la participación femenina en escuelas agrotécnicas no es una tendencia aislada, sino un proceso sostenido que combina transformación institucional, acompañamiento comunitario y decisión vocacional. Hoy, cada nueva estudiante que elige el campo como proyecto de vida amplía el horizonte de un sector históricamente masculinizado y aporta nuevas capacidades al desarrollo productivo del país.

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