Neutralizó a la oposición legislativa y controla las dos Cámaras. Cambió el ministro de Justicia y apunta a cubrir 300 juzgados vacantes sin negociar con CFK. Una guerra fuera de agenda.
Hace menos de dos meses Javier Milei declaró en Davos la muerte de Maquiavelo, pero lo que afirmó con palabras lo desmintió de inmediato con hechos. En los últimos siete días demostró que posee dos de las condiciones que exigía el pensador florentino para el príncipe ideal: “virtú” y fortuna. “Virtú” en el sentido de astucia, determinación, audacia y “fortuna” en el de oportunismo para aprovechar las situaciones favorables.
El domingo pasado el presidente también anunció en el Congreso una nueva etapa de moralización de la política, pero en la práctica el pragmatismo aparece cada vez más nítidamente en su gestión. Y los resultados lo estimulan a seguir por ese camino.
Desde que ganó las elecciones con el 40% de los votos sigue de racha y no para de concentrar poder. Sacó un paquete de leyes reformistas del Poder Legislativo que ningún otro presidente había conseguido sancionar. Lo hizo desde una segunda minoría tanto en Diputados como en el Senado, gracias a una mayoría artificial y la total desorientación peronista.
Pocos días después decidió avanzar en la Justicia, nombrando un ministro, Juan Bautista Mahiques, que será el encargado de enviar al Senado un candidato por cada una de las más de 200 ternas de jueces y fiscales que ya remitió el Consejo de la Magistratura al Ejecutivo. Quedan cerca de un centenar de candidatos en distintas etapas del proceso de selección y, por último, pero no menos importante, dos sillas vacías en la Corte Suprema.
Esa capacidad de decisión le da al nuevo ministro un poder institucional decisivo. Lo prueba la catarata de críticas y sospechas vertidas sobre él desde los medios. La Justicia, especialmente el fuero federal donde los políticos buscan impunidad, navega sobre un mar de intereses cruzados, operaciones de prensa y las proverbiales maniobras de los “servicios”. Se estima que Mahiques, miembro de la familia judicial, conoce el paño de manera que el gobierno pueda conseguir de los tribunales los mismos resultados que obtuvo durante las últimas semanas en el Parlamento.
La promoción de Mahiques fue además un triunfo en la interna del gobierno de la hermana del presidente y una derrota para el asesor Santiago Caputo. Con esa decisión el presidente premió, en primer lugar, la eficiencia. Karina Milei había sido la promotora de la concurrencia a las elecciones de octubre con candidatos propios y no de la “casta” de las provincias como proponía Caputo. El acierto de esa estrategia quedó plasmado en el nuevo Congreso que saca en tiempo récord las leyes que envía el Ejecutivo.
Caputo había sido además el arquitecto de la maniobra para ubicar en la Corte a Ariel Lijo. Ese traspié lo hizo retroceder varios casilleros en las luchas de palacio. Milei se maneja con criterio empresario: se paga la eficiencia y no hay sentimentalismo con los que se equivocan.
El presidente ha demostrado hasta ahora capacidad para mantener un plan económico de estabilización y aprovecharlo políticamente para arrinconar a la oposición. Pero, más allá de la esfera doméstica, se enfrenta desde hace una semana con una contingencia que no estaba en la agenda, la guerra de los EE.UU. contra Irán, con un impacto impredecible en la economía global.
¿Cómo puede afectar esta nueva situación a la Argentina? Los analistas señalan que lo hará en por lo menos dos áreas: el aumento de la tasa de interés y el costo de la energía. En la primera, el impacto es casi nulo para un país que no puede tomar deuda en los mercados voluntarios internacionales. En la segunda, hasta Morgan Stanley -que no es fan de Milei- recordó que Argentina es un exportador neto y que el alza podría favorecerla, al menos en el corto plazo.
En enero hubo superávit energético de 618 millones de dólares, consecuencia de exportaciones de 781 millones de dólares. Se esperan que en 2026 se alcancen exportaciones por 10.000 millones dólares. Esto fortalece la confianza de un gobierno que trasmite el mensaje optimista de una macroeconomía ordenada.
Desde el equipo económico apuestan a que la inflación bajará y el nivel de actividad se recuperará. Consecuencia: seguirán con el plan de apertura que tiene en pie de guerra a la UIA, la AEA y los medios que ofician de voceros del Círculo Rojo. También con el plan de equilibrio fiscal, porque creen que el shock externo todavía no llegó. Ya aumentó el precio de los combustibles y se espera que lo haga también el de los alimentos. Nada de esto favorece el plan antiinflacionario.
La confianza que se percibe en el gobierno se debe en gran medida a la parálisis de la oposición (ver “Adelante con la Ley de Glaciares”). Las acusaciones y agravios que le propinó el presidente el domingo pasado quedaron sin respuesta, porque el kirchnerismo hace rato que no presenta signos vitales.

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