Acertó Agustín Rossi cuando dijo que no hay en el oficialismo un candidato que supere el 25%. Tampoco en JxC. Por eso las luchas internas son más enconadas. Como en 2003 cualquiera se anima.
El nivel de enfrentamiento tanto en el seno del oficialismo como en el de la oposición ha llevado la definición de candidaturas para las PASO a un nivel de incertidumbre sin precedentes por al menos tres razones. La primera es la falta de candidatos atractivos: se vota más en contra que a favor de un dirigente que genere esperanza. Eso requiere una estrategia y una campaña electoral inversa de las habituales.
La segunda razón es la despolarización ocasionada por la irrupción de un “outsider” como Javier Milei, que complica el tablero para las dos coaliciones que se quedaron en 2019 con el 90% de los votos. Por último, resulta también determinante la falta de liderazgo que encauce pacíficamente las internas, en especial la de Juntos por el Cambio. En la oposición el desafío de Horacio Rodríguez Larreta a Mauricio Macri ha producido daños colaterales serios como el bombardeo a la candidatura de Luis Juez por parte del alcalde porteño a poco de la votación.
El caso de Rodríguez Larreta ilustra el tembladeral en el que se mueven los equipos de campaña. Considerado por el periodismo hasta no hace mucho “líder de la oposición”, las encuestas empezaron a darle mal en su competencia con Patricia Bullrich que no tiene ni la centésima parte de su presupuesto para atraer dirigentes y conseguir apoyos.
Una medición en la provincia de Córdoba en la que aparecía triplicado en intención de voto por Bullrich fue la gota que colmó el vaso. A tres semanas de la elección de gobernador salió a proponer la incorporación del peronista, Juan Schiaretti, a Juntos por el Cambio, lo que diluyó naturalmente la candidatura de Luis Juez, el candidato de Juntos por el Cambio.
La excusa fue que había que ampliar la coalición oficialista para afrontar la herencia económica terminal que dejará el kirchnerismo. En realidad era una maniobra elaborada por un asesor de Schiaretti, que lo fue también de Domingo Cavallo y Sergio Massa, al que Juez definió como un “paseador de perros” a causo de lo variopinto de su clientela.
De todas maneras el paseador resultó muy convincente. Rodríguez Larreta entregó a Juez cuando está por entrar en su batalla final contra Martín Llaryora, delfín de Schiaretti. Recibió a cambio el apoyo de dirigentes con un peso electoral nulo como Gerardo Morales y Elisa Carrió, esta última reducida a practicar el arte de la injuria y la sospecha contra Macri y Bullrich. También la solidaridad de peronistas ex kirchneristas como Randazzo y Diego Bossio, nulidades electorales probadas.
Más allá del evidente despiste, la idea que guía el armado de Rodríguez Larreta es añeja y difícil de aplicar bajo las presentes circunstancias. Antes se la llamaba “integracionismo” y consistía en sumar peronistas “sin techo”. Su descubridor fue Arturo Frondizi en la época en que Juan Perón estaba proscripto. Como se recordará no le fue nada bien.
Hoy la idea del paseador es sumar al peronismo “moderado” para armar un polo de centro derecha y tratar de empujar a Macri y Bullrich a una alianza con Milei. El viejo “camino del medio” que no funcionó con Massa, quien en 2019 volvió vencido al kirchnerismo. Sueños de la razón que prosperan en situaciones desesperadas y que llevaron a la alianza opositora a las puertas de un cisma.
Por otra parte, el plan larretista invirtió el orden lógico del proceso para construir un liderazgo. Primero se prueba en las urnas y sólo después se convoca a eventuales aliados bajo las condiciones del nuevo líder. El camino inverso aumenta la confusión y vuelve inmanejable las demandas de los eventuales socios.
Por suerte para Rodríguez Larreta y para la oposición en general el oficialismo soporta problemas más graves: en lugar de una, enfrenta dos crisis, una económica y otra de liderazgo. Sergio Massa viajó a China de dónde volvió con anuncios insuficientes para calmar las expectativas sobre la delicada situación de las reservas y no pudo viajar a los Estados Unidos por falta de acuerdo con el FMI.
La polémica reabierta de manera intempestiva sobre la construcción de un puerto chino en Tierra del Fuego le recordó que su destino está en las manos del Departamento de Estado y el Tesoro. Al mismo tiempo la interna del Frente de Todos se ha complicado. Cristina Kirchner tuvo que apelar a los gobernadores amigos (una docena) para que reclamasen a Daniel Scioli que desistiera de su candidatura presidencial. Los mandatarios provinciales tienen una propia en combinación con la vice (ver Visto y Oído). Aunque ayer, Sergio Massa, en una nueva vuelta de sus posiciones, sostuvo que si el FdT va a las PASO, que lo anoten porque él va a estar ahí.
Pero en el Instituto Patria hay un sondeo según el cual el embajador en Brasil es el candidato con mejor intención de voto del peronismo. El kirchnerismo podrá desmerecerlo llamándolo el motonauta, pero se trata de un hecho que resulta prudente no ignorar.

Más historias
La lluvia trajo alivio a Chubut, pero la emergencia continua
Javier Milei agradeció a quienes combaten el fuego en el sur del país
Venezuela liberó a otros 24 presos políticos